Muchos propietarios de gatos piensan que esterilizar a su animal de compañía, sea macho o hembra, es una brutalidad. Esta mentalidad es normal si tenemos en cuenta que, hasta hace poco tiempo, el gato ha sido un animal eminentemente callejero, permitido por el hombre sólo gracias a su versatilidad: excelente cazador de ratones que no necesita manutención, pues se busca la vida él solito.

    Pero los tiempos van cambiando, a la par que nuestro modo de entender la figura del gato. Cada vez más, de hecho, el gato se está convirtiendo en el compañero ideal del hombre urbano y sedentario, capaz de estar solo en un piso durante las largas horas que su dueño se ausenta para ir a trabajar. Como además no necesita salir al exterior para satisfacer sus necesidades fisiológicas básicas (es decir, hacer pipí y caca), se convierte en la mascota perfecta para los que tienen una jornada laboral larga y no cuentan con el tiempo que precisaría, por ejemplo, el cuidado de un perro.

    Ante estas circunstancias, el gato se convierte, casi exclusivamente, en animal de compañía. Rara vez tiene acceso al exterior (lo cual, por otra parte, sería bastante peligroso, pues enfermedades tan mortales como la Leucemia Felina o parásitos tan temidos por el hombre como el de la Toxoplasmosis son frecuentes entre las colonias de gatos callejeros precisamente por su contacto permanente con el exterior) y pocas veces es destinado a la crianza.

    En realidad, únicamente los gatos adquiridos para tal fin (la crianza) no deberían ser esterilizados -la razón, por supuesto, es evidente-. Sin embargo, ¿qué propósito tiene que un gato no destinado a la cría permanezca entero? Muchas personas opinan que privar a un gato de sus órganos reproductores es, en definitiva, mutilarlo. Quizás sería conveniente que analizaran detenidamente las ventajas de la castración, y luego, juzgaran por ellos mismos.

    EL MARCAJE

    El macho adulto entero necesita, por instinto, marcar el territorio. El marcaje consiste en ir expulsando, a modo de pulverizador, pequeñas cantidades de orina de olor intensísimo por cada rincón de nuestra casa. Si castramos al macho antes de que empiece a marcar (en torno a los 7-8 meses) nos aseguramos de que nunca marcará nuestras paredes, sofás ni muebles.

    LAS ESCAPADAS

    En las épocas del celo de las hembras, estas emiten una serie de maullidos característicos que le indican al macho su predisposición a la cópula. Nuestro macho, que siempre estará dispuesto a dar servici0, no lo dudará dos veces en acudir a la llamada de las hembras, para lo cual se escapará por el lugar más insospechado. Con la eliminación de sus hormonas sexuales, habremos acabado también con las escapadas indeseadas.
    EL OLOR
    Aunque son la excepción, hay algunos machos que, generalmente, no marcan el territorio. Pero incluso en estos casos, el macho desprende un olor característico, mucho más fuerte y desagradable que el olor de una hembra (que prácticamente no huelen a nada). Normalmente, este olor se atenúa cuando el macho es esterilizado.
    EL CARÁCTER
    Por norma general, el macho es más avispado, travieso e independiente de su dueño que la hembra. Esta última cualidad, la de la independencia, se va consolidando conforme el gato se hace adulto. Un gato castrado, sin embargo, es un gato de carácter eternamente joven, es decir, seguirá siendo jovial y extrovertido durante toda su vida, mucho más apegado a sus dueños que un gato entero.

    LA PREÑEZ Y LAS ENFERMEDADES INFECCIOSAS

    Quizás la más conocida de las ventajas de esterilizar a la hembra es la de evitar preñeces no deseadas. Aunque normalmente la gata no intentará escaparse de casa (las hembras suelen ser más hogareñas que los machos), hay que tener mucho cuidado con ella durante la época del celo, pues durante esos días sus hormonas le están pidiendo algo que sólo puede encontrar en la calle. Y ¡cuidado!; el único riesgo que correrá no es el de quedarse preñada: entre los gatos callejeros son muy frecuentes enfermedades infecciosas como la de la Leucemia Felina (FeLV), y la mayoría de ellos son portadores de parásitos muy peligrosos para la salud no solo de nuestra gatita, sino en ocasiones también de la nuestra (toxoplasmosis, giardias, coccidios, etc). Si nuestra gatita tuviera contacto con sus congéneres de la calle, no sólo se convertiría en un foco de infección dentro de nuestro hogar, sino que su propia vida correría peligro. La gata esterilizada nunca sentirá el deseo de escaparse, evitándole así tanto infecciones como preñeces no deseadas.

    LOS CELOS

    Una gata adulta en celo a menudo se convierte en una compañía insoportable. El cambio de humor (se pondrá realmente cariñosa con su dueño) y su manía persecutoria con las posaderas en alto detrás nuestro son sólo la parte amable. En breve nos cansaremos de sus fortísimos maullidos nocturnos y sus intentos de fuga (con las nefastas consecuencias que hemos visto), y eso sin mencionar el marcaje de algunas hembras durante su época “receptiva” (sobre todo, las hembras de razas con instintos más arraigados como los Maine Coon). La esterilización acaba de raíz y sin ningún tipo de efecto secundario con estos comportamientos indeseables.

    Hay quien piensa que para acabar con este tipo de comportamiento no es necesaria una solución tan radical como la esterilización, pues existen remedios “de laboratorio”, tales como las hormonas de progesterona, suministradas por vía oral o intravenosa.


    Sin embargo, este tipo de tratamientos no son del todo acertados por la siguiente razón: cuando una gata se queda preñada, su cuerpo produce una hormona llamada progesterona. Dicha hormona es la responsable de que, a fin de proteger a los bebés de posibles infecciones del exterior, el útero quede totalmente sellado con la acumulación de lo que se conoce como el “tapón vaginal”, que la gata expulsará horas antes del parto.


    Pues bien, si nosotros administramos a la gata esta misma hormona mediante comprimidos o inyectables, su organismo interpretará que la gata ha quedado preñada. Evidentemente el celo desaparecerá, pero el útero, a fin de proteger a los supuestos gatitos que se hallan en su interior, también creará el “tapón vaginal”. Pero, en esta ocasión, como no habrá parto, tampoco habrá dilatación del útero, y consecuentemente, no habrá expulsión de tapón. Las consecuencias son imaginables: un útero permanentemente sellado es un útero sin el drenaje necesario para la expulsión natural de restos y líquidos y, a la larga, un útero con infección, es decir, una piometra.

    Una vez que el examen clínico determine que nuestra gata tiene piometra, la castración será OBLIGATORIA y FUNDAMENTAL para la conservación de la vida del animal, siempre que la hayamos cogido a tiempo (a veces la piometra está tan avanzada que la gatita ya está condenada a morir).

    Por eso, si a la larga la esterilización no va a ser una opción, sino una obligación para la vida de nuestra gata, ¿qué buen propietario haría pasar a su gata innecesariamente por una enfermedad tan dolorosa?

    EL CARÁCTER

    Aunque la hembra tiene por naturaleza un carácter más tranquilo y cariñoso que el macho, la esterilización nos garantiza la permanencia de ese carácter en la edad adulta.

    Analizado esto, probablemente cualquier persona sea capaz de entender que esterilizar a un gato no es mutilarlo ni negarle la felicidad. Al contrario, si nuestro gato pudiese hablar seguramente nos lo agradecería. La esterilización no es el fin, sino el comienzo de su bienestar.
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