Aunque es generalizada la opinión de que el Maine Coon proviene del estado americano de Maine, no se puede afirmar con rotundidad. Si bien es cierto que fueron los habitantes de esta zona los que expusieron por primera vez gatos de esta raza en sus ferias de ganado allá por 1860, los Maine Coon podían verse ya por todo el norte de los Estados Unidos y el sur de Canadá: eran los gatos callejeros americanos, pero los habitantes de aquel estado los apodaron orgullosos “Gatos de Maine”, y con ese apodo se quedaron.

   El origen de su segundo nombre, Coon, ha dado pie a las más variopintas leyendas, desde la más descabellada (que afirma que el Maine Coon es producto de un cruce entre un gato y un mapache) hasta aquella que cuenta que los Maine Coon proceden de los gatos que llevaba en su barco el capitán Coon (navegante británico que llegó al Nuevo Mundo procedente del Viejo Continente) u otra que afirma que son fruto del cruce entre los gatos autóctonos y aquellos que envió María Antonieta a Nueva Inglaterra junto a sus objetos valiosos para salvarlos de la ruina durante la Revolución Francesa.
  Sea como fuere, el aspecto del Maine Coon bien hace honor a aquella primera leyenda por su gran parecido al mapache (“racoon” en inglés). De hecho, los primeros Maine Coon tenían su mismo color, con las típicas marcas rayadas (tabby), la misma cola y la misma forma de sentarse sobre las patas traseras. Y aún hoy conservan costumbres propias de estos animales salvajes, como meter la punta de la pata en el agua antes de beber (el mapache lo hacía para romper el hielo o eliminar hojas y suciedad de la superficie).
   Después de su aparición en las ferias de ganado en 1860, la raza alcanzó enseguida un gran éxito. En 1895 un ejemplar brown tabby ganó el concurso de Madison Square Garden de Nueva York. Tras pasar por un etapa de olvido ante la aparición de razas más exóticas como el Persa, el Siamés o el Abisinio, el Maine Coon volvió a renacer en la década de los 60 del pasado siglo XX. En 1868 se fundó el “Maine Coon Breeders and Fanciers Association” (MCBFA), que se encargó de promocionar la raza y recuperar el terreno perdido. Pronto la raza se lanzó a la conquista europea, y en 1978 llegaban a Alemania los primeros ejemplares de Maine. Actualmente, también en España muchos criadores estamos trabajando en la cría selectiva y la mejora de estos bellos gatos.

   Alguien dijo que el Maine Coon es “el perro entre los "gatos”, y tenía toda la razón. El sentido de la independencia y la necesidad de un espacio reservado propios en la mayoría de los gatos son algo desconocido para el Maine Coon. Adora estar acompañado, sobre todo de sus dueños, aunque también acepta con gusto la compañía de otros gatos e incluso de perros: todo menos la soledad. Un Maine Coon solitario será tarde o temprano, un gato enfermo.

   Es un gato ideal para hacer compañía, pues le encantan las caricias y los mimos, no sólo recibirlos, sino también darlos: siempre está dando muestras de ternura. Se siente tan apegado a su dueño que lo acompaña allá donde este vaya: al patio, a la cocina, a la ducha… Si entras en cualquier habitación y cierras la puerta tras de ti, no tardará en empezar a maullar para que vuelvas a abrirla. El Maine Coon es, en efecto, un gato muy comunicativo. Y aunque maulla a veces, lo más común en él son los arrullos (semejante al de las palomas): cuando llevas un tiempo conviviendo con él, incluso llegas a entender (como si de un lenguaje se tratase) el significado de cada uno de sus arrullos.

   El Maine Coon es un gato muy inteligente al que se le educa con facilidad, por lo que se adaptan sin problemas a la vida en un apartamento. Entiende perfectamente el significado de órdenes sencillas como ‘no', ‘ven', o ‘toma'. Mis gatos acuden como “locos” cuando oyen la palabra “bicho”, pues saben que hay ‘manjar' a la vista (no hay mosca que se les resista…). Tienen además mucha paciencia con los niños, con los que jamás se muestran agresivos: si están cansados de jugar, simplemente se dan la vuelta y se retiran a algún rincón tranquilo; nunca atacan.

   Es un gato robusto que rara vez presenta problemas de salud. Los cuidados del manto son mínimos (un cepillado una vez al mes, aproximadamente, centrándose en las zonas más “conflictivas”, como detrás de las orejas, parte posterior de las patas delanteras, faldón de las traseras…).

Nariz y morro: La longitud del morro es equivalente a la distancia existente entre los párpados y las orejas. Si el morro es demasiado corto, la nariz presentará un stop muy pronunciado. Si es demasiado largo, el perfil nos recordará al de un caballo. Si no existe bombatura en la frente y el mentón es huidizo, el perfil será semejante al de un Bosque de Noruega. La nariz debe formar una línea recta con el mentón, que será firme y cuadrado de perfil, pero formando una línea suave de frente.
Cabeza: De tamaño mediano, más bien cuadrada que triangular (más propio de los Bosques de Noruega). Pómulos altos. Frente ligeramente abombada. Leve curva cóncava de perfil entre la frente y la nariz. Collar abundante.
Barbilla: Fuerte, prominente, bien desarrollada. Debe formar un cuadrado perfecto con la nariz.
Ojos: La separación entre un ojo y otro debe ser la de otro ojo. Grandes, ligeramente almendrados y levemente oblicuos. Todos los colores están admitidos.
Orejas: deben ser tan grandes como la distancia entre las cejas y el extremo de la cabeza. Entre una oreja y otra debe existir el espacio equivalente a otra oreja. Punta ligeramente redondeada. Los pinceles de lince no deben ser ni escasos ni estar excesivamente poblados: deben ser una prolongación natural de la oreja.
Cuerpo: Largo, rectangular, de gran talla, osamenta fuerte y proporcionada. Potente musculatura.
Patas: De longitud mediana, fuertes. Osamenta y musculatura potentes. Pies grandes, redondos. Mechones interdigitales abundantes.
Cola: Larga (su extremo debe llegar a la base del cuello), ancha en la base, se va afinando hacia la punta, con pelos largos y flotantes.
Manto: Adaptado a cada estación (más largo y denso en invierno, más liviano y corto en verano). Corto en la cabeza, las paletillas y las patas, más largo en el cuello, la espalda y los flancos, con calzones bien abundantes. Largos pelos en el vientre. La textura es lisa y densa, y tiende a ser algo grasienta en determinadas zonas (detrás de las orejas, parte posterior de las patas anteriores…). Todos los colores están admitidos excepto el chocolate, lila, colourpoint, cinnamon y fawn.

Escala de puntos FIFe (sobre el estándar)

Cabeza (forma general, forma de la nariz, mejillas y morro, mandíbulas y dientes, frente, menton = 25 puntos
Orejas (forma y ubicación) = 10 puntos
Cuerpo (forma, tamaño, estructura ósea, patas y forma de los pies = 25 puntos
Cola (forma y longitud) = 10 puntos
Manto (calidad y textura) = 10 puntos
Manto (longitud) = 10 puntos
Condición general = 5puntos
 
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